Carta a un antiguo profesor

La experiencia erosiona. Erosiona al padre que exige mucho a su hijo mayor y que es mucho más permisivo con el menor; el día a día y el cara a cara con “la edad del pavo” le va ablandando el carácter. Erosiona al profesor que después de varios años dando clase pierde las ganas de esforzarse por los alumnos a fuerza de decepciones.

El otro día escuché por casualidad una parte de una conversación que tenías con otro profesor. Hablabais creo que de una asignatura optativa nueva que tiene que ver con el cine, de la que tú serás uno de los profesores. En algún momento de la conversación aquel profesor te dijo que eres profesor de un barrio de Madrid, como queriendo quitarle importancia a aquello que preparabas. Efectivamente, lo eres. Pero no sólo eso. Eres educador de personas, sembrador de vocaciones, motivador de ilusiones, despertador de entusiasmos dormidos, perturbador de conciencias,… y muchas cosas más.

La influencia de un profesor en sus alumnos es inmensa. De él depende qué tipo de influencia será. En “la edad del pavo” todos hemos estado perdidos viendo pasar barcas a las que subir, intentando decidir nuestro destino. Quizá fueron las palabras de fin de curso de aquel profesor nuevo las que me dieron el empujón a seguir mi vocación a pesar de que todos aquellos  a los que pedía consejo me decían que este camino era muy difícil. Aquel día me dijiste que tú creías en mí, que algún día estaría donde estoy.

Quizá sea que aún no tengo experiencia que me erosione. Deja que tome la “L” que llevo en la espalda como escudo para decirte que me parece importante que te pongas metas altas en lo que haces, que le pongas ganas, ilusión y emoción al nacimiento de una asignatura que puede provocar tantísimas cosas en tus alumnos. Deja que quiera quitarme el sombrero ante aquel profesor que nos traía las diapositivas de sus viajes para que aprendiéramos arte y permite que me emocione al comprobar que sigue tratando de innovar para mejorar sus clases.

Me inclino ante todos los profesores que no han sido erosionados ni por una sociedad que no cree en su labor, ni por los alumnos a los que tanto dedica, ni por los colegas profesores que no sólo están demasiado erosionados sino que además erosionan. Gracias por tu ejemplo y por tu fe en mí.